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THE OMAR HERALD

Nuestro reto es construir una alternativa anticapitalista que tenga un apoyo social significativo

Nuestro reto es construir una alternativa anticapitalista que tenga un apoyo social significativo

 

 

Entrevista a Esther Vivas, cabeza de lista de Izquierda Anticapitalista en las elecciones europeas

 

Por Santiago Alba Rico (*)

 

Esther Vivas, nacida en Sabadell en 1975, milita desde hace años en los movimientos antiglobalización. Colaboradora habitual de Viento Sur y El Viejo Topo, su trabajo en el campo del consumo y el comercio justo se ha materializado en algunas obras de referencia, escritas en colaboración con Xavier Montagut: “Del campo al plato”, “Supermercados, no gracias” o “¿Adónde va el comercio justo?”. Su experiencia política como militante de base y su sólida formación teórica las ha sumado ahora al proyecto de un nuevo partido, Izquierda Anticapitalista, con el que presenta su candidatura, como cabeza de lista, a las próximas elecciones europeas del 7 de junio.

¿Por qué nace Izquierda Anticapitalista? ¿Crees que hacía falta otro partidito o partícula de izquierdas, una astilla más en esta izquierda nuestra, sabia sobre todo en producir viruta?

La verdad es que no nos vemos como una “astilla”. Más bien como un “esqueje” que quiere aprender de las experiencias del pasado pero que, sobre todo, echa raíces en una tierra nueva y comprende que hay que inventar de nuevo el proyecto emancipatorio.

Izquierda Anticapitalista es una organización política anticapitalista, feminista, ecologista, internacionalista... que defiende un cambio radical del sistema que ponga en el centro de la política y la economía las necesidades de las personas y el respeto al medio ambiente. Frente a los discursos de “refundación” y “moralización” del capitalismo, defendidos por los líderes del G20, es necesario plantear que otro capitalismo es imposible y que “cambiar el mundo de base” es hoy más urgente y necesario que nunca.

Pensamos que para combatir el actual sistema es necesario, junto con la resistencia social, construir una alternativa política y no dejar la representación política en manos de quienes hoy la monopolizan. La izquierda parlamentaria existente es hoy totalmente inservible como instrumento útil para transformar la sociedad. El reto que tenemos es conseguir construir una alternativa anticapitalista que tenga un apoyo social significativo. El camino para hacerlo será largo y difícil, y será el resultado de la suma de muchas voluntades y gentes, pero pensamos que es necesario empezar a andar, con ganas, con humildad y con firmeza, y con los ojos y las orejas bien abiertas para escuchar y aprender de las luchas y de los movimientos reales.

Cualquier izquierdista anticapitalista que lea los lineamientos generales de vuestro programa no puede dejar de asentir con entusiasmo: “Una izquierda en ruptura con el sistema, donde la lucha contra el neoliberalismo se inserte en una perspectiva anticapitalista, que tenga una concepción no institucional de la acción política. Una izquierda comprometida con las luchas, fiel a unos principios feministas, ecologistas, internacionalistas y con una total independencia respecto a los gobiernos social-liberales”. Con unos presupuestos como ésos, ¿por qué no ha sido posible alcanzar un acuerdo con otros grupos políticos afines que presentan sus propias candidaturas? ¿Qué diferencia vuestro programa para Europa del de Izquierda Unida, Iniciativa Internacionalista y PCPE? ¿Tuvisteis contactos con estos otros grupos para valorar una candidatura conjunta?

La izquierda es una realidad plural y hay que asumir que es normal que así sea. No hay nada malo en ello. Pensamos que hay que afrontar los debates entre las organizaciones de izquierda desde el respeto mutuo y la discusión franca, buscando concluir en prácticas unitarias. Así intentamos hacerlo nosotras y nosotros. El enemigo es el sistema capitalista y no la organización “vecina”. También es necesario señalar que el nuevo referente político a construir no debe de ser resultado simplemente de una suma de siglas, sino fundamentalmente de la incorporación a la actividad política organizada de buena parte de las y los activistas sociales que hoy no ven claro la posibilidad o necesidad de construir una alternativa política.

Nuestro punto de partida es que es necesario empezar a levantar un nuevo proyecto anticapitalista, ligado a las luchas sociales, que no haga de la actividad institucional el centro de su actividad y que no este formada por políticos profesionales. Pensamos que Izquierda Unida no encarna este tipo de proyecto y que es una formación que no sirve como instrumento para cambiar la sociedad. Se trata de una organización sin vida política ni democracia interna y sin presencia en las movilizaciones, y atrapada por compromisos gubernamentales, como por ejemplo en Catalunya y en Asturies, y hasta hace poco en la Comunidad Autónoma Vasca. A pesar de algunos cambios cosméticos y de imagen en su discurso (algunos solamente, porque con mucha frecuencia Willy Meyer repite el discurso tradicional), su interés en presentarse como un “partido de lucha” carece de credibilidad. Además, episodios tan vergonzosos como las amenazas de expulsión a los concejales de CUT-Bai que habían tenido el elemental gesto solidario de avalar la candidatura de II-SP son una prueba suplementaria de que no es posible construir una alternativa anticapitalista en base a un acuerdo electoral con la dirección de IU. Por supuesto, en su seno hay sin embargo muchas y muchos militantes muy valiosos y honestos, cuya práctica tiene poco o nada que ver con la de su partido, con los cuales coincidimos en las luchas y que también comparten nuestro objetivo de luchar por un cambio radical de sociedad.

En lo que se refiere a Iniciativa Internacionalista lo primero que hay que señalar es que finalmente se haya podido presentar es un dato muy positivo y marca una victoria importante contra la Ley de Partidos, a la que IA siempre ha combativo y cuya derogación exigimos. Denunciamos desde el primer día los intentos de ilegalización de II-SP por parte del Supremo como hemos hecho también en todas las ilegalizaciones anteriores de formaciones políticas ligadas a la izquierda abertzale. La presencia de Iniciativa Internacionalista en las elecciones hace que por primera vez en mucho tiempo un sector de la población cuyos derechos democráticos han sido vulnerados repetidamente en los últimos años pueda votar a la opción política con la que se identifica.

Compartimos con II-SP su crítica al actual modelo de integración europea al servicio del capital y en contra de las y los trabajadores y los pueblos. Compartimos también el rechazo al modelo de Estado nacido de la Constitución del estado español que niega el derecho a la autodeterminación de los pueblos, consagra la Monarquía como forma de Estado y da al ejército el papel de garante de “unidad de la Patria”. Pero para nosotros la defensa de los derechos nacionales de las naciones sin Estado forma parte de nuestra lucha, pero no es el eje central en torno al cual gira todo nuestro combate contra el actual modelo económico y contra cualquier forma de opresión y dominación, sea por motivos de género, opción sexual, cultura o nacionalidad.

Otra cuestión en la que tenemos enfoques diferentes tiene que ver con la estrategia general de la izquierda para hacer frente a la Europa del capital. Para nosotros una cuestión central es la constitución de un referente político anticapitalista europeo, y por ello nuestra candidatura es solidaria con otras formaciones de otros países. Desde hace mucho tiempo hemos participado en encuentros y conferencias internacionales con fuerzas como el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) francés, Sinistra Critica en Italia, el Bloco de Esquerda portugués, el Partido Polaco del Trabajo (una de las principales fuerzas anticapitalista de la Europa del Este), el Partido Socialista Escocés, varias organizaciones griegas como Syriza, Enantia y otras, el ODP de Turquía... Estas elecciones europeas tienen que servir para avanzar en la conformación de este bloque anticapitalista, porque esa es la condición para que el día 8 de junio estemos en mejores condiciones para la movilización y la lucha en el espacio europeo. No pensamos que se pueda combatir al nivel necesario el actual proceso de integración de la UE desde un proyecto basado sólo en fuerzas del Estado español. Es necesaria y posible una alternativa internacionalista orientada hacia una alianza de la izquierda anticapitalista europea, para coordinar un lugar de reflexión y aprendizaje común, un polo de resistencia, y para hacer oír una voz crítica a escala continental.

El PCPE es una organización con la que coincidimos en nuestra oposición a la Europa del capital y a los intentos que la crisis la paguen las y los trabajadores y sus militantes nos merecen la máxima consideración y respeto. Creo que son conocidas nuestras diferencias no sólo en el tipo de organización que construimos, la práctica en los organizaciones de base, etc., sino también en la naturaleza del proyecto político como tal. No pensamos que la construcción de una alternativa vaya a hacerse sobre la base de una identidad “comunista” inspirada en el antiguo bloque del Este, con el cual nunca nos identificamos, sino que se trata de construir un proyecto anticapitalista que recoja lo mejor de las tradiciones revolucionarias del movimiento obrero, de movimientos sociales como el ecologismo, el feminismo o el antimilitarismo y de las experiencias contemporáneas de resistencia a la globalización capitalista, de los movimientos indígenas, etc.

Los acuerdos entre organizaciones políticas deben de ser fruto de procesos que se construyen “desde abajo” y en el tiempo, resultado de una confluencia real en las luchas sociales, cosa que no se ha dado de forma suficiente hasta ahora. Los acuerdos electorales por arriba y “en frío” no suelen funcionar. Todo este conjunto de razones creo que es lo que explica que haya distintas opciones electorales en el campo de la izquierda, algunas nuevas como la nuestra, en la cual han participado varios activistas y militantes de organizaciones sociales, sindicalistas e intelectuales que no son militantes de IA, pero se sienten identificados con la candidatura.

En esta ocasión, el dilema habitual de la gente anticapitalista entre votar resignadamente al “mal menor” o abstenerse, se puede, y se debe, superar, votando en conciencia, sin consideraciones de “utilidad” de ninguna clase, hacia la propuesta política con la que se tienen acuerdos más importantes.

He escuchado algunas críticas por parte de gente a la que respeto en el sentido de que IA es una iniciativa que trata de construir desde el tejado, sin un trabajo previo de acumulación en la base y que busca beneficiarse del tirón mediático del NPA francés y de su líder Besancenot. Un partido como el vuestro, que declara defender “una concepción no institucional de la acción política”, ¿por qué se presenta a las elecciones europeas? ¿Tiene el propósito de proponerse a medio plazo como un recambio institucional de IU, grupo del que originalmente formabais parte?

Desde Izquierda Anticapitalista venimos trabajando desde siempre en los movimientos sociales y hemos participado en múltiples iniciativas, luchas y campañas. Estamos convencidos de que sin movilización y organización social es imposible transformar a este sistema desde la raíz. Sin lucha en la calle no hay cambio posible.

Pero pensamos que hay que intervenir en el terreno político y no resignarse a dejar este terreno en manos de los políticos profesionales y las organizaciones burocratizadas e institucionalizadas. No pensamos que instituciones como el Parlamento Europeo y otras sean reformables o que se puedan cambiar desde dentro, pero sí pensamos que sería muy útil la presencia de activistas anticapitalistas en su seno, para ser altavoces de las luchas, denunciar las políticas que se aplican en contra de los intereses de la mayoría de la población y obtener información útil para las luchas. Una presencia institucional de las y los anticapitalistas permitiría dar más fuerza a los planteamientos de ruptura con el actual sistema siempre y cuando este trabajo institucional esté supeditado al trabajo en la calle, con la gente y por abajo. Francamente, me hubiera gustado mucho oír la voz de algún diputado o diputada anticapitalista en momentos como el desalojo y la carga policial contra las y los estudiantes encerrados contra el Plan Bolonia en la Universidad de Barcelona, o en los debates de política general en el Parlamento o cuando se discuten y aprueban en el Parlamento medidas anti-crisis que benefician esencialmente a las empresas y a los responsables de la misma.

La situación exige tomar riesgos y ser valientes y ofrecer nuevas propuestas y estrategias. Por esto decidimos presentar nuestra candidatura con un mensaje de ruptura y con el objetivo que fuera un primer paso en el largo camino de construcción de una nueva alternativa anticapitalista, que no puede plantearse como un “recambio” de IU, sino como un proyecto diferente y construido sobre otras bases.

No pensamos que nuestra iniciativa sea contradictoria con otras experiencias alternativas en otros ámbitos, por ejemplo las candidaturas alternativas que hay en muchos municipios. Al contrario, van en la misma dirección: la de intentar construir alternativas a una izquierda institucional inservible para la lucha contra el capitalismo.

No hay ninguna fórmula mágica para construir un nuevo referente anticapitalista, ni atajos que nos permitan quemar etapas. Este es una idea que intentamos señalar de forma clara desde que empezamos con esta proyecto. Ni tampoco hay modelos para copiar. Proyectos como el nuevo Partido Anticapitalista Francés (NPA) no son modelos, sino estímulos y referencias a tener en cuenta a la hora de buscar nuestro propio camino. Su existencia da ánimos y permite plantearse que, por difícil que parezca, construir una alternativa es posible. Ante el avance de la Europa del Capital y de la globalización económica es necesario intensificar los lazos entre las izquierdas europeas y esta es la razón de nuestra alianza y colaboración con colegas como Olivier Besancenot y organizaciones como el NPA en Francia, Sinistra Critica en Italia o el Bloco de Esquerda en Portugal.

¿El poder hay que tomarlo o hay que desgastarlo?

Bueno, es una pregunta compleja, que se presta mal a una respuesta breve y da para muchos debates. De forma resumida creo que se puede señalar que el desgaste del poder establecido -no sólo el estatal, sino en el conjunto de las relaciones sociales- es necesario para avanzar en las luchas cotidianas e ir cambiando la relación de fuerzas frente al capital y su Estado. Pero no puede conducir por evolución a la ruptura con el sistema capitalista, que es nuestro objetivo. Si queremos promover esa ruptura con el sistema, será inevitable una confrontación entre el bloque social autoemancipatorio y quienes detentan el poder económico, social y político, que lleve a la ruptura con la lógica de la propiedad privada y las instituciones del Estado y que concluya en la sustitución del entramado institucional actual por otro basado, como decimos en nuestro Programa-Marco, en "una democracia al servicio de la transformación y la emancipación social, que tienda a basarse en la autoorganización y la autogestión de los y las de abajo”.

¿Qué trabajo hace IA en la base, de militancia concreta, en distintos frentes? ¿Con los trabajadores, los consumidores, organizaciones feministas, ecologistas, etc.?

Somos una organización esencialmente volcada en las luchas sociales, en todos aquellos ámbitos y lugares donde llegamos. Nuestro compromiso está en la intervención cotidiana en las luchas y no concebimos una acción política de izquierdas desconectadas de las mismas. Por ello, junto con muchas otras gentes, estamos implicados en las luchas de las empresas en crisis, en defensa de los servicios públicos, contra el Plan Bolonia, en defensa del derecho al aborto libre y gratuito, de las libertades sexuales, en la solidaridad con América Latina, Palestina o el Sahara, en recuperación de la memoria histórica, en defensa del territorio y contra la especulación, contra el cambio climático y en defensa de un mundo rural vivo, la soberanía alimentaria y un consumo crítico… por poner algunos ejemplos. Creemos que hay que estar con todo lo que se mueve, buscando su articulación y destacando su orientación anticapitalista.

Pensamos que una formación anticapitalista como la nuestra debe intervenir en las luchas aportando sus puntos de vista y su perspectiva y también escuchando, con la voluntad de aprender del movimiento real, para poder pensar y actualizar con perseverancia nuestro proyecto político. En las luchas sociales defendemos planteamientos a la vez unitarios y radicales, buscando la coordinación y la articulación entre las distintas luchas para que no se queden aisladas. Una de las grandes victorias del neoliberalismo a sido la enorme fragmentación social que ha causado. Revertir estas tendencias buscando una articulación de las luchas respetando las particularidades y comprendiendo su pluralidad nos parece una tarea fundamental.

La izquierda, a mi juicio, está infrarrepresentada; el aumento del malestar político no se traduce en un aumento de la fuerza, la organización, la capacidad de intervención. ¿Por qué crees que ocurre esto? ¿Qué responsabilidad tiene la propia izquierda? ¿Qué propuestas de unidad concretas tiene IA?

Sí, el gran reto es traducir primero el malestar existente en resistencia social a las políticas dominantes y de ahí pasar al fortalecimiento organizativo de la izquierda en el terreno político y social. El punto de partida que tenemos no es bueno: la izquierda es débil en el terreno social, sindical y político y esto queda patente en las repuestas sociales a la crisis. En los últimos meses hemos tenido múltiples luchas, pero hay que avanzar más en su coordinación y articulación y en la ampliación de su base social.

Hay al mismo tiempo un fuerte escepticismo y desconfianza por parte de muchos activistas sobre la posibilidad (o deseabilidad) de articular un nuevo proyecto político anticapitalista. Es algo lógico y comprensible, visto el desolador balance de los partidos de la izquierda institucional y el peso de las derrotas y los desengaños del pasado. Pero creo que poco a poco va emergiendo, aunque sea de forma todavía embrionaria, el sentimiento de que es necesario organizarse políticamente y avanzar en la conformación de una alternativa.

El gran reto que tenemos enfrente es ser capaces de construir un proyecto común con aquellas personas críticas con el sistema actual pero que todavía se miran a las organizaciones políticas y sociales de izquierda desde una cierta distancia. En eso estamos, con humildad y convicción.

Las izquierdas europeas tienen que luchar en el interior de un continente subjetivamente vencido –en abierta decadencia política- en el que cabe menos esperar una recuperación de la ciudadanía democrática que una pugna entre no-ciudadanos, campo abonado para nuevas experiencia populistas o neofascistas. ¿Cómo ves esta deriva? ¿Cómo se puede luchar contra ella? ¿Y qué desplazamientos, aunque sean milimétricos, pueden introducir las elecciones del 7 de junio?

Es verdad que la Unión Europea está en una deriva extremadamente peligrosa, tanto más porque son muy débiles la conciencia y las herramientas organizativas y políticas para revertirla desde la izquierda. Está claro que la crisis tiene un efecto contradictorio en la situación política y social. Por un lado amplía las posibilidades de un discurso anticapitalista y hace aumentar el malestar y el rechazo, aún impreciso y difuso, frente al sistema actual. Pero por el otro, abona también el terreno para el crecimiento de sentimientos y discursos xenófobos e insolidarios y de alternativas reaccionarias. Una izquierda corresponsable de las políticas social-lberales, que no ofrece una alternativa creíble, totalmente institucionalizada y desconectada de los problemas reales de los sectores populares no sirve para frenar el desarrollo de alternativas populistas y reaccionarias, sino todo lo contrario.

Es necesario contribuir a la organización de la resistencia social con criterios unitarios, fomentando la organización desde abajo, reconstruyendo el tejido asociativo y, al mismo tiempo, elaborar un discurso de crítica radical al actual modelo económico y a las políticas hegemónicas y ofrecer una alternativa al sistema actual desde “abajo y a la izquierda”.

Para ello hace falta también trabajar por “comprender el mundo”, fomentar el estudio, el conocimiento de las diferentes voces del pensamiento crítico, el debate democrático, potenciar las posibilidades de la comunicación alternativa para abrir brechas en la intoxicación mediática permanente… Es una agenda muy exigente, pero pensamos que también es apasionante.

¿Qué resultado esperáis obtener? ¿Y qué piensa hacer IA inmediatamente después de las elecciones? ¿Cuál será vuestra estrategia a partir de entonces? ¿Tenéis previsto manteneros como partido político con vocación electoral? ¿Os presentaréis a las próximas elecciones generales?

Después de las elecciones esperamos seguir haciendo con más fuerza lo que hemos hecho hasta ahora, es decir, estar en las luchas y las resistencias y seguir trabajando por la construcción de una alternativa anticapitalista que esté a la altura de los tiempos. Confiamos también que haya un mayor acercamiento entre la izquierda social y la izquierda política anticapitalista.

La candidatura ha sido “sólo un comienzo” y esperamos obtener un resultado que nos ayude a seguir avanzando en la construcción de este proyecto anticapitalista que tanto necesitamos y que todavía está por hacer e inventar.

¿Podrías puntuar del 1 al 10 a los siguientes líderes políticos? Zapatero, Obama, Fidel, Chavez, Felipe González, Julio Anguita, Gorbachov, Evo Morales, Correa.

Uff, ¡vaya pregunta!. Soy una militante, no me siento nada cómoda ejerciendo de “profesora política”. Pero en fin, ahí van:

-Zapatero:1 -Obama:1 -Fidel Castro:7 -Chávez:7’5 -Felipe González:0 -Julio Anguita: 7 -Gorbachov:1 -Evo Morales:7’5 -Correa: 6

 

(*) Tomado de REBELION.ORG

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