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Resumen
- 16/02/2008 19:23 - Devorar a Bolivia, objetivo de la Casa Blanca
- 20/02/2008 19:26 - La renuncia de Fidel
- 24/02/2008 20:16 - La Revolución sigue su marcha
16/02/2008
Devorar a Bolivia, objetivo de la Casa Blanca

20/02/2008
La renuncia de Fidel

Por Frei Betto (*)
N del editor: La renuncia del Comandante Fidel Castro a la presidencia de Cuba ha causado una gran conmoción en todo el mundo. Los medios de comunicación casi sin excepción, confían que en la isla se abra un proceso de transición hacia el capitalismo, confundiendo claramente deseo con realidad. Era mi intención referirme al particular cuando encontré este exquisito análisis de Frei Betto, y me pareció un pecado no compartirlo con Uds.
Fidel Castro, de 81 años, renunció a sus funciones de presidente del Consejo de Estado de Cuba y de Comandante en Jefe de la Revolución. Dedicado a cuidar su salud, prefiere mantenerse fuera de las actividades de gobierno y participar en el debate público -que siempre le encantó- a través de sus artículos en los medios. Permanece, sin embargo, como miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.
El próximo domingo día 24 Raúl Castro, de 77 años, será elegido, por los nuevos diputados de la Asamblea Nacional, para ocupar las funciones de primer mandatario de Cuba.
Es la segunda vez que Fidel renuncia al poder. La primera fue en julio de 1959, siete meses después de la victoria de la Revolución. Elegido primer ministro, chocó con el presidente Manuel Urrutia, que consideró muy radicales las leyes revolucionarias, como la de reforma agraria, promulgadas por el consejo de ministros. Para evitar un golpe de estado, el líder cubano prefirió renunciar. El pueblo salió a las calles apoyándole.
Presionado por las manifestaciones, Urrutia no tuvo otra alternativa que dejar el poder. La presidencia fue ocupada por Oswaldo Dorticós, y Fidel volvió a la función de primer ministro.
Estuve en Cuba en enero de este año, para participar en el Encuentro Internacional sobre el Equilibrio del Mundo, a la luz del 155º aniversario del nacimiento de José Martí, figura paradigmática del país. Regresé a mediados de febrero para otra reunión internacional, el Congreso Universiade 2008, en el que participaron varios rectores de universidades brasileñas.
En ambas ocasiones me encontré con Raúl Castro y otros ministros cubanos. Me reuní también con la dirección de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria); con estudiantes de la universidad de Ciencias Informáticas; con profesores de nivel básico y medio; y con educadores populares.
Se engaña quien crea que la renuncia de Fidel significa el comienzo del fin del socialismo en Cuba. No hay ningún síntoma de que sectores significativos de la sociedad cubana aspiren a que regrese el capitalismo. Ni siquiera los obispos de la Iglesia Católica. Con excepción de unos pocos, a quienes no les importaría que el futuro de Cuba fuese equivalente al presente de Honduras, Guatemala o Nicaragua. Además, ninguno de los que salieron del país continuó la defensa de los derechos humanos al insertarse en el mundo encantado del consumismo.
Cuba no es reacia a los cambios. El mismo Raúl Castro desencadenó un proceso interno de críticas a la Revolución a través de las organizaciones de masas y de los sectores profesionales. Son más de un millón de sugerencias las analizadas por el gobierno. Los cubanos saben que las dificultades son enormes, pues viven en una cuádruple isla: geográfica; única nación socialista de Occidente; desprovista del apoyo que le daba la Unión Soviética; bloqueada hace más de 40 años por el gobierno de los EE.UU.
A pesar de todo ello el país mereció elogios del papa Juan Pablo II con ocasión de su visita en 1998. En el IDH 2007 de la ONU el Brasil se alegró de figurar en el puesto 70. Los primeros setenta países son considerados los mejores en calidad de vida. Cuba, donde no se paga nada por el derecho universal a la salud y educación, figura en el puesto 51.
El país presenta una tasa de alfabetización del 99.8%; cuenta con 70.594 médicos para una población de 11.2 millones (1 médico por cada 160 habitantes); un índice de mortalidad infantil de 5.3 por cada mil nacidos vivos (en los EE.UU. son 7, y en Brasil 27); 800 mil diplomados en 67 universidades, en las que ingresan cada año 606 mil estudiantes.
Hoy día Cuba mantiene médicos y profesores trabajando en más de 100 países, incluido Brasil, y promueve en toda América Latina la “Operación Milagro”, para curar gratuitamente enfermedades de los ojos, y la campaña de alfabetización “Yo sí puedo”, con resultados que convencieron al presidente Lula a adoptar el método en el Brasil.
Habrá, sí, cambios en Cuba cuando cese el bloqueo de los EE.UU.; cuando sean liberados los cinco cubanos presos injustamente en la Florida por luchar contra el terrorismo; y si la base naval de Guantánamo, utilizada ahora como cárcel clandestina -símbolo mundial del irrespeto a los derechos humanos y civiles- de supuestos terroristas fuera devuelta.
No esperemos, sin embargo, que Cuba quite de las entradas a La Habana dos carteles que nos avergüenzan a nosotros los latinoamericanos, que vivimos en islas de opulencia rodeadas de miseria por todos lados: “Cada año 80 mil niños mueren víctimas de enfermedades evitables, Ninguno de ellos es cubano” y “Esta noche 200 millones de niños dormirán en las calles del mundo. Ninguno es cubano”.
(*) Tomado de www.viejoblues.com
24/02/2008
La Revolución sigue su marcha

Con la designación del Compañero Raul Castro Ruz, como nuevo presidente de la República de Cuba, el parlamento de la isla deja muy en claro la continuidad de los lineamientos votados por el pueblo el pasado 20 de enero. Aunque la prensa burguesa se encargó de ocultarlas, en Cuba se realizan elecciones generales desde 1976, y en las mismas se votan ciudadanos, no partidos, y está prohibido el proselitismo y la propaganda. O sea, la antítesis de lo que se denomina elecciones en todos los países capitalistas, donde generalmente gana el candidato que tiene la billetera más llena, quien promete (y miente) mejor, o quien realiza el mayor fraude (George W. Bush en el 2000).
Con la renuncia de Fidel a ser reelegido en el cargo de presidente y usando como ariete a la prensa internacional Estados Unidos se fue a la carga: se abría una inmejorable posibilidad para liberalizar el sistema político. Los candidatos demócratas Hillary Clinton y Barak Obama, y hasta el presidente George W. Bush no tuvieron empacho en imponer condiciones a las nuevas autoridades cubanas para acceder a la consideración internacional. Elecciones libres y democráticas y apertura económica.
Pero a no engañarnos, al Imperialismo nunca le importó la democracia ni los derechos humanos. Lo avalan los recientes bombardeos en Irak y Afganistán, la cárcel de Guantanamo, su apoyo a Pinochet, Videla, Banzer, Stroessner, Trujillo, Batista, el Sha de Persia y cualquier otro genocida que haya habitado nuestro planeta. Solo desea quedarse con las empresas de teléfonos, gas, electricidad, minería y agua; privatizar la salud y la educación, y reconquistar las propiedades confiscadas y nacionalizadas por la Revolución. Y fundamentalmente poner de rodillas a Cuba, porque esta pequeña isla lo ha derrotado sin miramientos, demostrando que sin explotación se puede vivir con dignidad.
Un capitulo aparte merece el muy lamentable papel jugado por los medios de comunicación durante estos días. Mientras se morían ciudadanos paraguayos por un brote de fiebre amarilla, exigían de mil maneras “cambios” en Cuba, país que gracias a su avanzado sistema sanitario erradicó esta enfermedad hace décadas. Son muy contados los colegas periodistas que han tenido una actitud digna frente al proceso cubano. No es buen negocio estar del lado del más débil. Y como sabemos, a muchos periodistas, solo le interesan los negocios.


